19 abr. 2015

¿REVOLUCIÓN POPULAR? UN ESTUDIO ESTADÍSTICO REVELA EL VERDADERO ROL DE LA EXTREMA DERECHA DURANTE EL EUROMAIDÁN




Un estudio estadístico publicado en Internet revela el verdadero rol que representó la extrema derecha durante el Euromaidán de Kiev. En este caso, se ha decidido utilizar la ciencia de la Vexiología, la cual aparece como un campo de estudio especializado de la heráldica. Como ciencia, se ocupa del blasón y centra la atención en todo lo referente a símbolos (coronas, condecoraciones, colores, dibujos, materiales, etc.), estandartes, oriflamas, escudos y cánticos, aunque quizá su mayor interés se manifiesta en las banderas y en los himnos. 

  • Alberto Montaner es Catedrático de la Universidad de Zaragoza y Secretario Científico de la Cátedra de Emblemática «Barón de Valdeolivos» de la Institución «Fernando el Católico»


  • Viacheslav Ryzhykov es Director del Departamento de Economía Industrial de la Donbats’ka Derzhabna Mashynobudivna Akademiĭa (= Academia Estatal de Ingeniería del Donbás)



A estos autores no se les escapó el hecho de que los slóganes más populares del Maidán remontaran su origen a la fascista y totalitaria OUN- UPA, así que decidieron realizar un estudio estadísitico sobre las banderas que aparecían en diversas fotos panorámicas del Euromaidán. Como explican ellos mismos en este estudio:

"Sin duda, resulta imposible conocer las motivaciones particulares de cada activista del Maĭdán, pero, más allá del impulso inicial e  incluso  de  las  declaraciones  de  sus  portavoces  (que  acabaron siendo básicamente los representantes de la oposición parlamentaria a Ĭanukóvich, aunque no lo fueran al principio), ciertos elementos permiten caracterizar bastante bien el espectro político en que se situaba el grueso del movimiento cuando se hallaba en su apogeo. Nos estamos refiriendo a un aspecto tan espontáneo de toda actuación grupal como es el empleo de banderas. El objetivo de estas líneas no es otro que poner una disciplina como la vexilología, tan a menudo postergada como algo esencialmente descriptivo, cuando no tan solo decorativo, al servicio de un análisis sociopolítico de la situación vivida en el Maĭdán, al menos hasta el derrocamiento del presidente Ĭanukóvich el 21 de febrero de 2014."


La célebre fotografia panorámica a la que hace referencia este estudio, tomada durante el primer día de las protestas del Euromaidán

"Nuestro punto de partida es una fotografía tomada por Nessa Gnatoush el primero de diciembre de 2013. Se trata de una imagen en sí básicamente neutra, pues, independientemente de que la intencionalidad de su autor fuese testimonial o apologética, concuerda con lo que era posible ver en la prensa diaria y en los noticiarios televisivos tanto de la propia Ucrania como de Occidente por esas fechas. 

Esto significa que carece de una posible distorsión debida a un punto de vista favorable al gobierno «prorruso», con el consiguiente sesgo contrario al movimiento allí representado. Su inclusión en un contexto tan deliberadamente aséptico como pretende y a menudo logra ser la Wikipedia indica que la fotografía de Gnatoush ha sido aceptada como una imagen básicamente objetiva, al margen de que fuese o no ideológicamente neutral. Nos interesa recalcar este aspecto porque es, obviamente, el que garantiza que el mensaje transmitido por las banderas que con tanta profusión aparecen en la imagen responde a las actitudes espontáneas de los participantes en la agitación del Maĭdán y no a cualquier tipo de mistificación interesada por ninguna de ambas partes. Esta percepción queda reforzada por el hecho, antes señalado, de la habitual falta de atención de toda suerte de analistas y estudiosos a los aspectos vexilológicos, en concreto, y emblemáticos, en general. Parece claro que nadie va a entretenerse en manipular lo que a nadie le llama la atención."

Tras finalizar su estudio, las conclusiones a la que llegan ambos investigadores son bastante reveladoras:

"Si  el  análisis  cualitativo  ya  arroja  resultados  significativos,  el  cuantitativo acaba de perfilar la caracterización de las corrientes ideológicas realmente operativas en el Maĭdán, es decir, las que no quedan al albur de las preferencias o creencias individuales, sino que responden a una línea concreta, articulada en una organización política específica (en forma de partido, agrupación o milicia paramilitar) y resulta, por tanto, capaz de vertebrar y de conducir a la masa, de suyo amorfa e inorgánica. El resultado del recuento ofrece la siguiente proporción de banderas, por orden decreciente:







"El resultado es muy revelador, pues la bandera de la Unión Europea, pese a ser el supuesto centro de las reivindicaciones, se sitúa en tercer lugar, con solo un 12%, cuando, de corresponderse con las proclamas del Maĭdán, deberían  andar  aproximadamente  a  la  par  con  las  de  Ucrania. A  cambio, el 42% de las banderas representan a formaciones nacionalistas, lo que explica también que casi la mitad del total (el 43%) sean banderas ucranianas. Está claro que el patriotismo, en su modalidad nacionalista, domina ampliamente sobre el supuesto europeísmo de la concentración. No es menos revelador que el segundo lugar tras la bandera estatal de Ucrania lo ocupe la del partido ultranacionalista de extrema derecha Svoboda, con cuatro puntos de ventaja sobre la Unión Europea y siete sobre la siguiente formación política. 

A este respecto, resulta cuando menos inquietante que las banderas sumadas de Svoboda y las milicias filonazis de la UPA se hallen a la par de las que representan a partidos nacionalistas de la derecha parlamentaria (21%, en cada caso; véase la figura 27). De aquí se deduce sin sombra de duda que lo que en Occidente se publicitó como un movimiento proeuropeo, democrático y casi revolucionario resulta ser en realidad una agitación nacionalista con predominio del factor radical y autoritario, incluso con componentes paramilitares, así como netamente reaccionario (cuando no directamente neonazi), en cuyo seno el europeísmo (con los valores que ello se supone que conlleva) resulta no ser más que una decisión táctica y no una orientación estratégica. El corolario político de esta apreciación ya lo hemos desarrollado en otro lugar; aquí interesa subrayar el emblemático, que es el innegable valor del enfoque vexilológico para afinar, en este tipo de casos, el análisis sociopolítico. El ya visto eslogan de la tribuna de oradores del Maĭdán, como, en general, cualquier tipo de consigna, puede resultar engañoso; pero las banderas e insignias enarboladas o portadas espontáneamente por los grupos participantes en una concentración popular rara vez mienten, resultando, por ello mismo, enormemente reveladoras."





Según la conclusión a la que llegan los autores de este estudio, las posturas pro-europeístas de los Nacional- Revolucionarios de Ucrania durante el Euromaidán se corresponderían  a consideraciones mucho más tácticas que estratégicas o ideológicas.

Descargar el PDF del estudio aquí 


El Origen de la diaspora ucraniana en España


La reciente irrupción de partidarios de Svoboda en un acto de la Universidad Complutense de Madrid ha puesto de manifiesto la presencia de nacionalistas Ucranianos en España, una presencia que ni es nueva ni es casual. El origen de la presencia de las extrema derecha ucraniana en España tiene su origen en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial y a la derrota de la Alemania Nazi y va a ser importante para a la hora de iniciar la colaboración que los exiliados ucranianos y los servicios secretos de Estados Unidos van a desarrollar a lo largo de la Guerra Fría.

La Iglesia católica, ya activa en labores de propaganda anticomunista en Ucrania, fue clave en la llegada de estos estudiantes a Madrid, apoyada por organizaciones como Obnova, la organización de los estudiantes católicos ucranianos, prohibida en 1939 por la Unión Soviética. Recogiendo la experiencia de trabajo con estudiantes católicos desde 1920, la organización se estabece en Lviv en 1930. El objetivo es agrupar a los estudiantes católicos para formarles en los principios éticos y morales de su religión, en en particular oposicion a las influencias bolcheviques. El Obispo Buchko aparece como el principal patrocinador de la organización. Buchko, que no es solo un referente apostólico para los ucranianos de Europa occidental, sino que se convierte en el enlace entre estos y la Iglesia desde su posición de Obispo auxiliar en el Vaticano desde principios de los años 40.

El 31 de diciembre de 1946, ABC recoge así la llegada a Madrid, procedentes de Barcelona, de una primera remesa de jóvenes ucranianos que iban a integrarse precisamente en la Universidad Complutense, entonces Universidad de Madrid y en la Universidad Politécnica:

ESTUDIANTES UCRANIANOS EN MADRID
VIENEN ACOGIDOS A LA OBRA DE ASISTECIA UNVERSITARIA




En el expreso de Barcelona llegaron el domingo 18 estudiantes ucranianos que viene a Esapña acogidos a la Obra Católica de Asistencia Universitaria y que han de continuar sus estudios en el colegio madrileño de Santiago Apóstol, de reciente creación. Proceden de Italia, y hace dos días llegaron a Barcelona enviados por una asociación ucraniana que reside en Lovaina, la Obnova, y avalados por monseñor Bucko (sic), obispo de Ucrania, designado por la Santa Sede para la asistencia espiritual de sus compatriotas en el exilio.

En la estación fueron recibidos por los señores Hergueta y Riaza, tesorero y secretario, respectivamente, de la Obra, y les acompañaron desde Barcelona el tesorero de ésta, señor Rexach, y el ucraniano Sr. Karmaren, corresponsal de periódicos ucranianos en América. Acudieron también a recibirles los estudiantes polacos recientemente llegados a Madrid.

Los estudiantes ucranianos se muestran entusiasmados por encontrarse en España. Después de varios años de grandes adversidades y de conocer el terror ruso, pues en los años 1939 y 1941 sufrieron la ocupación soviética, llegan a España procedentes de campos de concentración de Italia, en los que fueron internados al terminar la guerra. En 1944 el pueblo ucraniano empezó su éxodo por varios países de Europa, huyendo del avance comunista. Ellos buscaron refugio en Italia, y ahora Obnova ha logrado sacarlos de dichos campos de concentración y enviarlos a España.”

ABC añadía también, que se esperaba la llegada de otro grupo de estudiantes polacos, “los cuales tienen el propósito de terminar sus estudios en nuestro país, debido a las facilidades concedidas a este respecto por el Gobierno español”.

Pero es años más tarde, a la muerte de Buchko en 1974, cuando uno de los medios de la emigración ucraniana en Estados Unidos, Ukrainian Weekly, aporta una serie de detalles que completa la información aportada por ABC, que oculta o desconoce la naturaleza real de la estancia de ese grupo de ucranianos en el campo de concentración de Rimini. Para resaltar la labor de Buchko en su intento de que los refugiados ucranianos no fueran deportados a la Unión Soviética, Ukrainian Weekly explica: “fue la mediación del Arzobispo ante el difunto Papa Pio XII la que aseguró que se liberara a la Primera División Galichina, detenida en campos de prisioneros en Italia”. La División Galichina, que había luchado junto con la Alemania Nazi, se rindió a las tropas británicas el 10 de mayo de 1945.



Tal y como estaba previsto, los estudiantes ucranianos se integran en la Universidad Complutense de Madrid, donde continúan sus estudios antes de emigrar a Estados Unidos o Canadá o permanecer en España. Madrid se convierte en uno de los centros de la emigración ucraniana en estos primeros años de la posguerra. Así lo percibe Ukrainian Weekly, que a raíz de una visita a Madrid describe cómo vio la llegada de los estudiantes ucranianos a Madrid.

“Madrid, esta vieja capital de España, se ha convertido en nuevo centro de la vida de la emigración ucraniana en la era de la posguerra. Empezó a sentarse la base en 1946, cuando un grupo de estudiantes refugiados ucranianos se encontraron en la Universidad de Madrid gracias a varias asociaciones Católicas de socorro. Fue Andre Klashka quien abrió el camino para el nuevo proyecto con la firma de un acuerdo con el señor Ruiz Gimenes (sic), ministro de Instrucción Pública, mientras que el cardenal Tisserant y el Obispo Buchko proporcionaron parte sustancias de las donaciones destinadas a las becas para los estudiantes”.

Impresionados por el recibimiento por parte de las autoridades franquistas, Ukrainian Weekly destaca la postura española ante la lucha ucraniana:

“Entre los importantes oficiales españoles que conocimos estaba el señor Martín Artajo, Ministro de Exteriores, el señor Joaquim (sic) Ruiz-Gimenez, ministro de Instrucción Pública. Ambos están extremadamente bien informados sobre Ucrania y saben por qué está luchando Ucrania. No ha habido que explicarles nada, cosa que no ocurre con otros oficiales europeos.

El señor Ruiz Gimenez, que habla bien inglés y que estuvo en Estados Unidos en la conferencia de Pax Romana hace unos años, dijo: “Los españoles no son ricos. Pero hemos estado ayudando a estos estudiantes ucranianos y de otros países porque sabemos lo que han sufrido bajo el comunismo. Ayudamos a estos estudiantes ucranianos como muestra de gratitud por la valiente lucha que toda Ucrania libra contra Moscú”.

La posición política de España, que ya tenía buenas relaciones con Estados Unidos y que por la naturaleza de la dictadura franquista mantenía estrechas relaciones con el Vaticano, era ideal para el desarrollo de los primeros intentos de colaboración con los nacionalistas ucranianos. Como bien observaron los representantes ucranianos en los años 50, no había necesidad de explicar la naturaleza de la lucha ucraniana contra Moscú. España, que había enviado a la División Azul al frente ruso durante la guerra y que culpaba a Moscú, sin base ni argumento alguno, de la guerra civil española, reunía la ideal dosis de anticomunismo, odio a todo lo ruso y aislamiento, lo que daba a Estados Unidos un mayor margen de maniobra a la hora de plantear exigencias. Los nacionalistas ucranianos, Estados Unidos y la España de posguerra compartían entonces el compromiso incondicional con la lucha contra el comunismo y todo lo que representara Moscú. En sus años más duros de posguerra, la España del racionamiento estaba dispuesta a apoyar a esos estudiantes ucranianos sin necesidad de mayor explicación.

Aunque los primeros contactos con exiliados ucranianos se producen en Munich, principal foco de la resistencia ucraniana en el exilio en Europa, en 1946, la inteligencia estadounidense mantiene ciertas reticencias a la hora de colaborar con estos refugiados. Kevin C. Ruffner señala tres problemas principales, entre los que destaca el desconocimiento de los diferentes grupos y facciones entre la diáspora ucraniana. Se recomendaba entonces estudiar la historia y la motivación de cada uno de ellos para evitar la posibilidad de infiltración de agentes soviéticos bajo la tapadera de exiliados ucranianos. Maestros de la intriga política y de la propaganda en el pasado, los servicios secretos estadounidenses suponían que estos agentes no dudarían en usar a Estados Unidos para su propio beneficio. Era necesario investigarlos antes de tomar “pasos decisivos para explotarlos con objetivos de inteligencia”. El historial de guerra de algunos de estos ucranianos anticomunistas tampoco pasó desapercibido a los servicios secretos estadounidenses, que comprendían que la guerra había reavivado viejas rivalidades y odios en Ucrania. Estos ucranianos “odiaban a polacos y Judíos así como a los comunistas soviéticos”.

El régimen franquista proporcionaba a Estados Unidos un escenario ideal para una primera colaboración con esos nacionalistas ucranianos en los que aún no confiaba completamente. En ese marco se iba a lanzar la Operación Belladonna, una de las primeras colaboraciones entre los exiliados ucranianos y los servicios secretos estadounidenses.

El principal objetivo de la Operación Belladonna era impedir que los servicios secretos soviéticos se infiltraran en los círculos de exiliados de la Unión Soviética. Los estudiantes ucrananos, en España patrocinados por las becas conseguidas a través de la Iglesia católica, disponían de una perfecta tapadera. La importancia de la Operación Belladonna radica en que supone la primera de una larga lista de colaboraciones entre los servicios secretos occidentales, Estados Unidos en este caso, y exiliados ucranianos relacionados con las organizaciones nacionalistas ligadas a Stepan Bandera, Yaroslav Stetsko o Mikola Lebed.

Satisfechos con la primera colaboración con los nacionalistas ucranianos, los servicios secretos estadounidenses van a lanzar, desde su base de Munich una operación paralela a la Operación Belladonna, la Operación Trident, de contrainteligencia en Polonia y Ucrania. El objetivo era infiltrar a agentes en Ucrania, cuya misión principal era buscar información sobre “posibles oficiales de policía y otros tipos de oficiales soviéticos que podrían desertar por motivos ideológicos o económicos”. A pesar de las reticencias iniciales, Estados Unidos buscaba ya “determinar que ciudades de Polonia disponen de representantes de la UHVR/UPA y cuáles son sus conexiones en Ucrania; extender esta representación hacia Checoslovaquia y la zona rusa de Berlín para proporcionar un servicio de correos vía Berlín y Praga”.

En aquellos años, los actos de los emigrados ucranianos en España iban a encontrar un espacio en las páginas del ABC. Por ejemplo, en 1951, el medio daría voz a Miguel Hicka, delegado de las juventudes de Ucrania, que en su discurso definiría perfectamente la naturaleza de la presencia de estos exiliados en el país:

“Miguel Hicka habló en castellano fácil y correcto. Expuso con verbo elocuente la situación de Ucrania bajo el yugo zarista, Ucrania en la lucha activa contra el comunismo, Ucrania bajo el signo católico de su lucha, Ucrania en su lucha actual. Terminó diciendo que la misión de los jóvenes emigrados católicos ucranianos era llevar la voz de protesta del pueblo ucraniano contra el comunismo opresor en toda Europa occidental. Añadió: “no hemos huido del comunismo por cobardía, sino que hemos salido de nuestra patria para buscar, bajo la cruz de Cristo, el camino recto para volver después a nuestra patria católica”.

En aquel momento, ABC incide en el aspecto religioso, aunque es el aspecto de propaganda el que se está desarrollando desde España en esos años. Tras una primera operación de inteligencia que busca principalmente evitar la infiltración, la colaboración entre los emigrados ucranianos, el Gobierno de la España franquista y los servicios secretos estadounidenses se va a materializar en la sección ucraniana de Radio Nacional de España, lo que va a convertir a España en el primer poder secular, tras las emisiones de la Iglesia católica, en dirigir emisiones para los ucranianos en su propio idioma y va a ser uno de los precursores de otros proyectos más conocidos de emisiones de radio dirigidas a los países de la Unión Soviética, como las de Radio Free Europe.

Apoyar una Ucrania catolica y antirrusa, ha sido y es apoyar a una minoria ciertamente numerosa dentro de la actual Ucrania, frente a una mayoria ortodoxa y no rusofoba. No obstante, entre las nuevas generaciones formadas tras 1991 y el derrumbe de la URSS, ha cundido la propaganda del nuevo estado, que difunde lo genuinamente ucraniano como separado y contrapuesto a lo ruso, ideologia esta que garantizaria la supuesta superviviencia de esa entelequia que es el estado moderno ucraniano, frente a las tendencias historicas internas a ser fagocitado tanto por RUSIA, en su mayor parte, como por POLONIA y HUNGRIA. Por desgracia, hoy en dia esta rusofobia esta artificialmente mas extendida que antaño, por gran parte del oeste y centro del pais, sobre todo entre la gente menor de 40 años.

Fuente: http://slavyangrad.es/2014/10/27/el-origen-de-la-diaspora-ucraniana-en-espana/