17 sept. 2014

LA CONEXIÓN UCRANIANA. ¿EXTRAÑOS COMPAÑEROS DE CAMA PARA LA UNIÓN EUROPEA? (1943- 2014)



Por Carlos Rilova Jericó

La idea para este nuevo correo de la Historia me sobrevino esta vez viendo el programa del Gran Wyoming, “El Intermedio”. Que yo sepa ha sido uno de los pocos informativos en los que se ha relatado un aspecto desconocido y curioso, muy curioso, de la revolución -o algo así- que en estos momentos se está desarrollando en otro antiguo fragmento de la extinguida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: Ucrania.

En principio, bien mirado, parece un aspecto irrelevante de la cuestión, carne de “sketch” televisivo, puro humor ácido como el que perpetra habitualmente ese programa. Se trataba, como recordarán los que siguen ese terapéutico informativo satírico, de fotos de manifestantes ucranianos vestidos con ropajes y armaduras medievales.

Por supuesto en “El Intermedio” no se fue más allá de sacar las imágenes, hacer un par de bromas con ellas -“esto parece la tercera temporada de “Juego de Tronos”- y poco más. A “El Intermedio”, bendito sea, no se le puede -ni se le debe- pedir más, que bastante hace ya, haciendo disminuir la tasa de suicidios en este vapuleado país.

Sin embargo, al historiador -concretamente al que este correo de la Historia escribe- le dio algo de frío en la espalda ver a esos manifestantes vestidos con armaduras artesanales o con ricas hopalandas de terciopelo rojo y paseando galanamente a caballo por la Plaza de la Independencia de Kiev, convertida en el principal escenario de la revolución -o algo así- contra el actual gobierno ucraniano.

Y es que es peculiar que estos manifestantes hayan elegido esa estética medievalizante para un movimiento que, en principio, parece ser la punta de lanza de una reacción modernizadora, pro-occidental -concretamente pro Unión Europea- contra viejos dinosaurios soviéticos perpetuados en el poder gracias a las urnas y a la ingenuidad de unos electores todavía no demasiado avisados de lo que vale un puñado de votos.

Y es que Ucrania tiene, como todos, un pasado. Uno que va más allá de su satelización dentro del Imperio zarista primero y el soviético después. Uno que no es muy conocido pero debería ser mejor conocido, y, desde luego, analizado en los medios de prensa que, salvo contadas excepciones, sólo nos están describiendo superficialmente la situación en Ucrania como poco más que una serie de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas antidisturbios gubernamentales.

Sólo en alguna ocasión he oído comentar que algunos de esos manifestantes eran de “extrema derecha”, o de “ultraderecha antijudía” como decía este sábado en su columna de “El País” Francisco G. Basterra, que sí traía un análisis más o menos extenso del tema.

Bien. Podríamos dejar ahí la cosa y hacernos los idiotas y pensar que los enemigos de nuestros potenciales enemigos -la Rusia de Putin- son nuestros amigos sin necesidad de hacerles más preguntas sobre qué clase de pósters tienen puestos en el salón de su casa y sobre qué se han pensado que es la Unión Europea y con qué ínfulas pretenden entrar a formar parte de ella.

Quienes prefieran optar por esa beata ignorancia quizás deberían dejar de leer ahora mismo este nuevo correo de la Historia. Quienes prefieran saber de dónde, de qué caverna de la Historia puede venir esa manía de algunos manifestantes ucranianos de vestirse de estantiguas medievales, harán bien en seguir leyendo.

Como nos indica el libro de Carlos Caballero “Rusos contra Stalin”, durante la Segunda Guerra Mundial una parte considerable de la URSS, Ucrania incluida, recibió con los brazos abiertos a las tropas de la Alemania nazi. De hecho, unos cuantos cientos de miles de ucranianos se sumaron con verdadero entusiasmo a las operaciones nazis contra los bolcheviques y a sus peculiares ideas sobre la “purificación racial”. Una novela un tanto polémica, pero que ha gozado de bastante popularidad en los últimos años, “Las Benévolas” de Jonathan Littell, describe esos momentos con una especial crudeza desde los recuerdos de un antiguo oficial de las Waffen-SS que forman parte de la llamada “Operación Barbarroja”. Ese oficial ve llenarse Kiev y otras poblaciones ucranianas de tipos atrabiliarios -rápidamente armados por las autoridades nazis- que se dedican a ajustar cuentas con los ucranianos prosoviéticos y otros -judíos, por ejemplo- con los que no simpatizan en absoluto. Todo ello bajo la sombra de esa bandera azul y amarilla que ahora hemos visto enarbolar hasta la saciedad en la Plaza de la Independencia de Kiev convertida en campo de batalla.




Más allá de la Literatura hay, por supuesto, documentos históricos. Como los que ilustran este nuevo correo de la Historia. Fijense en la foto en blanco y negro. Es de la versión francesa de “Signal”, el principal órgano periódico de la propaganda nazi. Ahí tienen la realidad histórica reflejada en “Las Benévolas”. Patrullas de ucranianos pronazis convertidos en una especie de Policía de los territorios liberados del Bolchevismo, como dice la propaganda inscrita en ese nuevo número de “Signal”. La habitual mezcla de estúpidos, perversos y oportunistas investidos de una espuria autoridad por la casualidad y una gorra -de pelo de oso, de tela azul, naranja, con cenefa de cuadros, es igual…- tan habituales en esa época como, por desgracia, en otras.

Todo eso, por supuesto, era parte del plan para el “Reich de los Mil Años” que, precisamente en otro número de “Signal”, quedaba muy claramente expuesto en una serie de croquis histórico-geográficos de los que les ofrezco como ilustración el más sabroso de todos ellos y sobre el que más deberíamos meditar hoy día: el objetivo final era, en 1943, lograr una especie de Unión Europea tutelada por Alemania que sólo se podía completar una vez que las “hordas asiáticas”, protegidas tras el muro rojo del Bolchevismo, fueran repelidas y destruidas por un ejército multinacional de europeos, levado desde España hasta Noruega.



Como decía Francisco G. Basterra en su columna de este sábado es difícil saber qué es lo que está ocurriendo en Ucrania ahora mismo, pudiéndose deducir, de momento, un fenomenal embrollo estratégico y político en el que se tiran golpes bajos los Estados Unidos, la Alemania de Merkel empeñada, una vez más, en decir al resto de la UE qué debe hacer y la Rusia de Vladimir Putin. Un embrollo del que la UE podría no sacar nada demasiado en claro, como también señalaba Basterra. Acaso uno de esos extraños compañeros de cama que según Mark Twain -o, según dicen, su cuñado- se hacen en el, a menudo muy turbio, juego de la Política.

En cualquier caso el historiador no puede dejar de advertir que se debería mirar con mucho cuidado algunos fragmentos del pasado reciente de Ucrania. Unos como los que vemos en las ilustraciones de este nuevo correo de la Historia y que ahora parecen cobrar una nueva e inquietante vida en Kiev, convertida en campo de batalla contra un régimen que, pese a no ser un ejemplo del éxito de programas de la UE como el TACIS -destinado a extender la democracia en la antigua URSS-, no estaría, según los indicios visibles en programas como “El Intermedio”, siendo cuestionado y combatido precisamente por asociaciones de “Amigos de la revolución francesa y los Derechos del Hombre y el Ciudadano”, sino más bien por nostálgicos de los caballeros teutones y sus epígonos nazis del año 1943.

Un panorama sin duda de lo más desagradable y sobre el que convendría sentarse a pensar seriamente y en el que Alemania, dado lo que ocurrió allí en 1943, quizás debería mostrarse más humildemente discreta en beneficio del resto de la Unión Europea.



Fuente: http://blogs.diariovasco.com/correo-historia/tag/gran-wyoming/

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