23 jun. 2015

LA DOBLE MORAL DEL IMPERIO Y SUS SOCIOS EUROPEOS AL DESCUBIERTO EN UCRANIA Y CRIMEA



Estados Unidos con  sus socios europeos y la OTAN violaron y violan todas las normas del Derecho Internacional al invadir países, destruir ciudades y aldeas y herir o asesinar a millares de personas en cada una de sus guerras desatadas contra pueblos débiles e indefensos, ¿quién ha osado imponerles sanciones por sus tantos crímenes? Nadie y el mundo asiste impotente a tanta crueldad deshumanizada. Hoy con tanto cinismo y descarada doble moral se rasgan las vestiduras e imponen sanciones y amenazan a Rusia por la anexión  de Crimea,   decidida en referéndum por el 97 % de los habitantes.

Estados Unidos con sus aliados de la Unión Europea y con la OTAN que es su brazo armado, decidieron  invadir Yugoeslavia que al final la dividieron y destruyeron. ¿No se acuerdan de Kosovo? ¿Quién les impuso sanciones? Estados Unidos y sus socios europeos con la OTAN invadieron Afganistán para dar rienda suelta a la “justicia infinita”,  y como un  capítulo de la guerra global contra el terrorismo. Destruyeron ciudades, pueblos y aldeas, mataron a millares de afganos y encarcelaron  a otro tanto de  ellos. ¿Quién les sancionó?

Luego invadieron Irak en busca de armas de destrucción masiva que jamás las encontraron, asesinaron a Sadam Hussein y hasta la fecha han causado más de un millón y medio de muertos. ¿Han respetado el Derecho Internacional? ¿Ha habido alguien que les sanciones? Más tarde, Estados Unidos, sus socios europeos y la OTAN invadieron Libia, se apropiaron de los recursos naturales luego de asesinar con sus mercenarios a Gadaffi, ¿lo hicieron dentro del marco del Derecho Internacional? ¿Quién sanciona  sus crímenes de guerra, el genocidio, las torturas, los tratos crueles y denigrantes, el secuestro de personas para asesinarlos  o arrojarlos en cárceles clandestinas?

Estados Unidos y sus socios europeos destruyen sistemáticamente a Siria por mano propia y  por medio de mercenarios terroristas a los que dicen combatir. Quieren acabar con  el régimen de Bashar el Assad y para ello  no les importa la matanza de  más de cien mil hombres, mujeres y niños y provocar, además,   el desplazamiento forzado de más de seis millones de sirios? ¿Alguien les ha impuesto sanciones? ¿Acaso esa agresión respeta alguna norma del Derecho Internacional?

El pueblo de Crimea decidió con el 97% de los votos su adhesión a Rusia y el gobierno del presidente Putin aprobó el Tratado de Adhesión, porque además, Crimea regresa a su patria originaria ya que en 1954, Nikita Kruschov la entregó a Ucrania en el marco de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Ese hecho libre y soberano ha despertado las furias de Estados Unidos y de sus socios de la Unión Europea que acusan a Rusia de haber irrespetado el Derecho Internacional. Han impuesto  sanciones, pero como Rusia no es un pueblo débil al que pueden  atemorizar impunemente,  ahora sufren las represalias decididas por el Kremlin que, inclusive, puede suspender el suministro de gas y petróleo a Occidente. Ahora Estados Unidos y Europa, por boca de los  dirigentes golpistas de Ucrania hablan de guerra, amenazan con el uso de las armas y ponen en peligro la supervivencia misma de la humanidad entera sin  que les importe el Derecho Internacional.

El Reino Unidos, Gran Bretaña o Inglaterra o como quieran llamarla, de manera ilegal e ilegítima retiene en su poder  a las Islas Malvinas que son argentinas. Con guerra de por medio apoyada por Estados Unidos y la OTAN, el Reino Unido ocupa colonialmente esas islas ubicadas en territorio latinoamericano, y ya la OTAN que es el brazo armado del imperio  y sus socios europeos, ha instalado una base militar con  misiles nucleares incluidos. ¿Retener colonialmente las Malvinas y convertirla en fortaleza militar del imperio y la OTAN es respetar el Derecho Internacional? ¿Quién les ha impuesto sanciones?

Washington en “defensa” de sus intereses geoestratégicos, políticos y económicos y en “defensa” de los intereses de las transnacionales ha intervenido en América Latina a y el Caribe. Más de 200 veces han  agredido militarmente a nuestras patrias o ha propiciado golpes de Estado y han impuesto dictaduras crueles y sanguinarias de corte neofascista que han  sembrado de muerte y dolor a los nuestros pueblos. Padrino de los dictadores los asesoró con la CIA y más de un millón de muertos y desaparecidos claman por justicia  y por castigo a sus criminales, pero aún están en la impunidad porque nadie les ha impuesto sanciones y porque nadie  les ha reclamado por la violación  del Derecho Internacional, del Derecho Internacional Humanitario y por la horrendas  violaciones a los más elementales derechos humanos.

Washington continúa con  su política intervencionista e injerencista en los asuntos internos de los Estados, pueblos y naciones con el objetivo de derrocar a gobiernos legítimamente electos por sus pueblos, pero que a los ojos imperiales les parece molestos, indeseables y peligrosos porque decidieron no acatar el dictado imperial y, por ende, se han constituido en un  obstáculo a sus planes de dominación  neocolonial a nivel global.

Si en los procesos encaminados a propiciar golpes de Estado, derrocar gobiernos legítimos e instalar gobiernos títeres proyanquis arman a los “opositores”, desencadenan actos terroristas, encumbran a fascistas y neonazifascitas y siembran muerte y destrucción entre la población  civil inocente o fuerzas armadas constitucionales, nada importa, puesto que lo único trascendente es acabar con los gobiernos desafectos al imperio que resultaron  molestos para los fines y objetivos de Estados Unidos y sus socios europeos. Luego, con cinismo reiterado, hablan del respeto al Derecho Internacional y los derechos humanos; es decir que todos los países del mundo que no  se alinean con los intereses imperiales están obligados a respetar el Derecho Internacional  menos ellos. Todos son violadores o potencialmente violadores del Derecho Internacional y los derechos humanos, menos ellos que cumplen “fines humanitarios”.  Con descaro absoluto gritan -con el uso y abuso del poder mediático- que defienden los derechos humanos y las libertades que ellos se encargan de liquidarlos y aplastarlos. Así lo hicieron en la “Primavera árabe”, en Libia y así lo hacen en Siria, en Venezuela, en Ucrania en donde se hacen los sordos con el fin  de proteger a los fascistas, antisemitas y toda laya de delincuentes y asesinos.

En Siria, con absoluto descaro reconocen que financian y arman a los “rebeldes”, es decir a los mercenarios y terroristas que asesinan al pueblo sirio inclusive con el uso de armas químicas como el  gas sarín, según se comprobó fehacientemente.

En Irak y Afganistán matan y hieren por centenares y luego secuestran personas a los que llaman “prisioneros”, Guantánamo en Cuba y Abu Ghraib en Irak son dos de las cárceles imperiales en donde Estados Unidos y sus agentes de la CIA cometieron monstruosidades sin nombre contra los “prisioneros de guerra”  y acusados de terrorismo aun siendo inocentes. Los campeones del respeto a los derechos humanos, nunca les reconocieron mínimos  derechos y los han humillado con torturas, tratos crueles, denigrantes, abusos sexuales y otras monstruosidades inhumanas. Y los Estados Unidos y sus socios europeos, con el mayor de los cinismos, reclaman a otros gobiernos y Estados que respeten los derechos humanos. Ese es el doble rasero del imperio y sus secuaces.   En el caso de Ucrania, los funcionarios del imperio y sus socios europeos, ni siquiera  intentan ocultar el apoyo financiero, político, la asesoría en provocaciones y estrategias para dar golpes de Estado a los llamados opositores y con absoluta desvergüenza apoyan a los grupos nazi fascistas que siembran el terror hasta estas fechas. Las reiteradas visitas de altos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos y de Europa para apoyar a los sectores  más violentos de Ucrania no tienen precedentes, y luego piden a Rusia que respete el Derechos Internacional.

En el caso de Venezuela, Estados Unidos exige al gobierno del presidente Maduro que respete los derechos humanos, que ponga en libertad a los detenidos violentos que montaron barricadas, dispararon armas de fuego, provocaron incendios de edificios públicos y que organizan todo tipo de marchas para ocasionar más actos de violencia, pero a propósito se “olvidan” que son ellos los que financian a la oposición  venezolana, son ellos los que entregan millones de dólares a los grupos fascistas, son ellos los que planifican  un  golpe de Estado contra el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro.


Cinco mil millones de dólares

¡Qué cinismo imperial de Estados Unidos y sus socios europeos! ¿Pruebas de su cinismo? En una entrevista concedida el 3 de marzo de este año, por el ex agente de la CIA Scott Ricardo a Press TV, confesaba que Estados Unidos preparaba las manifestaciones y disturbios en Ucrania a lo largo de los  últimos años. Los agentes  de CIA  mantuvieron contactos estrechos con los opositores al régimen de Viktor Yanukovych que comparaba la crisis política de Ucrania con el ascenso de los nazis en la década de 1930, y acusó a sus adversarios de organizar un golpe de Estado. Según Scott, sólo los Estados Unidos “invirtieron”  cinco mil millones de dólares en pagos que efectuaban a los opositores, particularmente de las derechas radicales, es decir a los nazis- fascistas.

La Subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, confirmó la injerencia financiera de Estados Unidos a organizaciones clave en Ucrania, incluyendo el partido neonazi Svoboda. Dijo que los opositores fueron generosamente apoyados por Washington: "Hemos invertido más de 5 mil millones de dólares para ayudar a Ucrania a alcanzar estos y otros objetivos.... Vamos a seguir promoviendo que Ucrania alcance el futuro que se merece". Así se confirma lo que decía el ex agente de la CIA Scott Ricardo.
¿Qué importan gastar cinco mil o diez mil millones de dólares, si se logra incorporar a Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte –OTAN-  para extender el cerco militar a Rusia y rodearlas de bases nucleares para amenazar sus fronteras, su integridad y romper la paz, así la humanidad desaparezca.

¿Más pruebas de la participación de Estados Unidos y de la Unión Europea en la crisis  de Ucrania-Crimea?  El pasado cinco de marzo, por internet se difundía una grabación  de los diálogos sostenidos entre el Canciller de Estonia y la Jefa de la Diplomacia de Unión Europea Katrin Eshton que había tenido lugar el 26 de febrero  de este año. Durante esta conversación  el Canciller de Estonia  Urmas Geoffrey Pyatt, le dice que a los manifestantes concentrados en la Plaza de Maidán, ubicada en el Centro de Kiev y a los policías que taraban de guardar el orden, les dispararon  francotiradores de la llamada Tercera Fuerza que son  fascistas y cuyos crímenes  permanecerán en la impunidad, porque la nuevas autoridades de Ucrania se niegan a ordenar que se realicen investigaciones. ¿Cómo se van a investigar ellos mismos?

Estos hechos  demuestran que tanto Washington como Bruselas conocieron, apoyaron  y aprobaron las manifestaciones antigubernamentales en Kiev, inclusive a sabiendas de la naturaleza fascista de las mismas que ocasionaban inauditos actos de provocación y de violencia asesina contra víctimas inocentes de la población  civil. Estados Unidos, inclusive, desinformó, manipuló y tergiversó los hechos a sus aliados de la Unión Europea a fin  de desconocer,  irrespetar y deshacer el Acuerdo suscrito en 21 de febrero entre Yanucovich y los líderes de la oposición, Acuerdo que fue garantizado por Alemania, Francia y Polonia. Esa es la moral del imperio.

Qué desvergonzado papel es el que desempeña la diplomática  de la UE, Katrin Eshton que con  toda indignidad se ha encargado de proteger los intereses de Washington a más de su sumiso comportamiento pata satisfacer los objetivos geoestratégicos del imperio que trata de encender el conflicto a lo largo de las fronteras de la Comunidad europea.

La conducta del poder mediático mundial afloró en el New York Times que sostenía: "Estados Unidos y la Unión Europea han abrazado la revolución como otro florecimiento de la democracia, un golpe al autoritarismo y a la cleptocracia en el antiguo espacio soviético". (After Initial Triumph, Ukraine’s Leaders Face Battle for Credibility, NYTimes.com, 1 de marzo de 2014, énfasis añadido) ¿"Democracia floreciente, revolución"? Las sombrías realidades dicen otra cosa. Lo que ocurrió fue un golpe de Estado patrocinado por Estado Unidos, la UE y la OTAN en violación flagrante del derecho internacional.

“La verdad prohibida es que Occidente ha dirigido - a través de una operación encubierta cuidadosamente preparada - la formación de un régimen títere integrado por neonazis.

La nota agregaba: “La prensa occidental ha evitado intencionalmente analizar la composición y fundamentos ideológicos de la coalición de gobierno. La palabra "neonazi" es un tabú. Se ha excluido del diccionario de los medios de comunicación. No aparecerá en las páginas del New York Times, el Washington Post o The Independen. Los periodistas han recibido instrucciones de no utilizar el término "neo-nazi" para designar a Svoboda y al Sector de Derechas. No se trata de un gobierno de transición en el que los elementos neonazis integran los márgenes de la coalición, encabezada formalmente por el Partido Patria.

El Consejo de Ministros no sólo está integrado por el Svoboda y el Sector de Derechas (por no hablar de los antiguos miembros de la difunta organización fascista UNA-UNSO), a las dos principales entidades neonazis se les han encargado puestos clave que les otorgan el control de facto sobre las fuerzas armadas, la policía y la seguridad nacional.

Si bien el Partido Patria de Yatsenyuk controla la mayoría de las carteras y al líder neonazi de Svoboda Oleh Tyahnybok no se le concedió un puesto principal en el gabinete (al parecer a petición de la Subsecretaria de Estado, Victoria Nuland), miembros de Svoboda y el Sector de Derechas ocupan puestos clave en la áreas de Defensa, Policía, Educación y Asuntos Económicos.

Esos sectores poyados por el imperio y sus socios europeos desoyeron la voz  de Rusia que advertía de su derecho a proteger a sus compatriotas en Ucrania. Rebanadas de Realidad se refería a RIA-Novosti, que informaba que Moscú se reserva el derecho de proporcionar protección a los rusos en el país vecino.“Rusia es consciente de su responsabilidad por las vidas de sus compatriotas y conciudadanos en Ucrania y se reserva el derecho de ponerlos bajo su protección”, aseveró un comunicado del Kremlin  y añadía que “Los manifestantes pacíficos que salieron a la calle para expresar su opinión sobre la posición destructiva de las personas que se autoproclaman Gobierno ucraniano, fueron atacados por grupos de extrema derecha con armas no letales y bates de béisbol que un día antes comenzaron a llegar a la ciudad desde otras regiones del país”, denuncia el documento. Según la cancillería rusa, Moscú ha instado en reiteradas ocasiones a que las nuevas autoridades de Kiev “desarmen a los rebeldes y garanticen la seguridad de la población y el derecho legítimo de las personas a manifestarse”. “Lamentablemente, los sucesos en Ucrania muestran que las autoridades de Kiev no controlan la situación en el país”, resumía Novosti.

La doble moral del imperio tiene omnipresencia. Suelen mentir desde Obama hasta Kerry pasando por congresistas y medios de comunicación.  Así el Departamento de Estado señala que el secretario de Estado John Kerry instó a «respaldar los esfuerzos de los ucranianos de todos los orígenes y de todas las convicciones por resolver la cuestión de la distribución del poder y la descentralización, en el marco de un proceso de reforma constitucional que abarque todos los sectores de la sociedad y que proteja los derechos de las minorías» pero cambiaron  de parecer cuando constaron el regreso de Crimea a la Federación Rusa y el voto masivo de la población a favor de ese paso (97% de los votos válidos) han confirmado el fracaso total de los planes de Estados Unidos y de su principal objetivo: sacar a los rusos de Sebastopol y cerrarles a la vez la puerta del Medio Oriente.  Los continuos cambios de opinión  de Washington y los europeos  se deben al fracaso  del pacto Neonazi-OTAN-Occidente  que no funcionó como estaba  previsto.

El analista Pepe Escobar en Red Voltaire afirmaba: La región de Crimea abandona Ucrania para incorporarse a la Federación de Rusia. La prensa comercial y las capitales «occidentales» gritan invasión y abuso militar por parte de Moscú, sin embargo, estos «occidentales» fomentaron y aceptaron últimamente la partición de Yugoslavia, la exclusión de Kosovo del territorio de Serbia, el referéndum de las islas Malvinas, la partición del sur de Sudán. Moscú con el respaldo de las poblaciones locales de Crimea ha respondido de manera inteligente, sin ningún disparo o ataque militar, a las provocaciones occidentales que apoyan abiertamente a las facciones neonazis y otras obscuras fuerzas de derechas nacionalistas que han tomado el poder en Ucrania por la fuerza, con el apoyo de la OTAN.

Según Pepe Escobar, el consejero presidencial ruso Sergey Glazyev declaró a RIA Novosti que Rusia abandonará el dólar estadounidense como moneda de reserva si EE.UU. impone sanciones contra la Federación Rusa. Por lo tanto el Imperio devolvió el golpe dando «una pequeña ayuda» al cambio de régimen en Ucrania. Y Moscú contestó tomando el control de Crimea en menos de un día sin disparar un tiro –con o sin brigadas de elite Spetznaz (think-tanks basados en el Reino Unido dicen que participan; Putin dice que no).

La evaluación de Putin de lo que ocurrió en Ucrania es realmente correcta: «una toma anticonstitucional y armada del poder». Queda abierto un interminable debate, en su mayor parte desagradable, sobre si el Kremlin exageró en su reacción o no. Considerando el historial de una satanización generalizada de Rusia y Putin que ha tenido lugar durante años –y que ahora llega a un nivel febril– la rápida reacción del Kremlin fue bastante mesurada. Putin aplicó Sun Tzu al pie de la letra, y ahora juega EE.UU. contra la UE. Ha dejado en claro que Moscú no necesita «invadir» Ucrania. El tratado de partición de 1997 de Ucrania-Rusia permite específicamente tropas rusas en Crimea. Y después de todo Rusia es un activo proponente de soberanía estatal; este principio lleva a que Moscú rechace una «intervención» occidental en Siria.

Dejó abierta la puerta para –oh cósmica ironía de ironías– una invención/intervención estadounidense (y eso, predeciblemente, no fue detectable por los medios corporativos occidentales; la R2P –responsabilidad de proteger– de la ONU en caso que los fascistas y neonazis alineados con Occidente en Ucrania amenazaran a civiles rusos o ruso parlantes con un conflicto armado.

Samantha Power debe estar orgullosa de sí misma,. a pesar de que se ha probado fehacientemente que los francotiradores de Maidán  eran gente de la oposición neonazi, apoyada por los propios Estados Unidos que no entiende que no hay que meterse con  la inteligencia rusa que aireó la Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania. La acusación del Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry de que Rusia esté «invadiendo Ucrania», en «violación del derecho internacional», y «de vuelta al Siglo XIX», es tan espectacularmente patética en su hipocresía –una vez más, considerad el historial de EE.UU.– que no merece comentarios de ningún observador informado. A propósito, es tan patético como su oferta de miserables 1.000 millones de dólares en «garantías de préstamos» – que apenas pagaría las cuentas de Ucrania durante dos semanas. El gobierno de Obama –especialmente los neoconservadores del tipo «que se joda la UE»– ha perdido su maniobra agresiva. Y en cuanto a Moscú, no tiene ningún interlocutor en Kiev porque considera que el cambio de régimen es ilegal. Moscú también ve a «Europa» como un montón de plañideros perdedores consentidos – sin una política exterior común para comenzar.

Por lo tanto cualquier mediación depende de Alemania. Berlín no toma en serio la idea de «sanciones» – el sacrosanto mantra excepcionalista estadounidense; Rusia es un excelente mercado para la industria alemana. Y a pesar de todas las vociferaciones del Economist y del Financial Times, la City de Londres tampoco quiere sanciones; el centro financiero cuenta con los pródigos fondos político/oligárquicos rusos. En cuanto al «castigo» occidental a Rusia al amenazar con su expulsión del Grupo de Ocho, es un chiste. El G-8, que excluye a China, ya no decide nada relevante; el G-20 sí lo hace.

Si se realizara un amplio sondeo, revelaría que la mayoría de los ucranianos no quieren formar parte de la UE – así como la mayoría de los europeos no quieren a Ucrania en la UE. Lo que les queda a los ucranianos son los chupasangre del FMI, recibidos debidamente por “Yats” (como llama al primer ministro Yatsenyuk Vic –«Que se joda la UE», diría Nuland).


Crimea

Alejandro Tapia informaba que apenas dos días después del referendo en la república autónoma ucraniana, el Presidente ruso, Vladimir Putin, firmó un decreto histórico para que Crimea se anexe a la Federación Rusa. En una sesión conjunta del Parlamento en el salón San Jorge del Kremlin, conocido por sus colores oro y blanco, Putin dijo que el nuevo gobierno de Ucrania ignoró los derechos de los rusos étnicos e insistió en que la consulta se apegó al derecho internacional y al derecho a la autodeterminación.

“Es un día de alegría, de fiesta. Después de una larga, difícil y agotadora travesía, Crimea y Sebastopol vuelven a las orillas de la patria”, afirmó Putin, quien fue ovacionado por unas 120 mil personas reunidas en la Plaza Roja. Crimea, donde Moscú tiene su flota naval del Mar Negro, ha sido parte de Rusia desde el siglo XVIII. Pero en 1954 el entonces líder soviético Nikita Kruschev, transfirió esta península a Ucrania. Según Putin, aquello fue un “error histórico”.

“Hay tumbas de soldados rusos cuya valentía hizo que Crimea se integrara al imperio ruso en 1783”, agregó Putin, quien tocó la fibra de la sensibilidad rusa para defender la reintegración, según la agencia France Presse.

La ocupación de Crimea por parte de Moscú ha provocado la mayor crisis entre “Este y Occidente” desde el final de la Guerra Fría en los 90. En una fuerte reacción, la Casa Blanca calificó el accionar de Putin como “una amenaza para la paz”, mientras que la Unión Europea advirtió que “ni reconoce ni reconocerá” la anexión de Crimea. Si el año pasado la situación en Siria ya había agregado más tensión a la delicada relación entre Estados Unidos y Rusia, lo ocurrido en Crimea sitúa los lazos a un momento sin precedentes desde el colapso de la Unión Soviética. “Este es probablemente el momento más peligroso desde la crisis de los misiles en Cuba (1962). La clave es si Putin intenta moverse en el resto de Ucrania”, señaló a La Tercera el analista estadounidense Clyde Wilcox, de la Universidad de Georgetown, en Washington D.C.

Para John Pitney, del Claremont McKenna College de California, “a estas alturas, Estados Unidos puede hacer muy poco. Putin tiene la ventaja de ser local. Los estadounidenses no tienen apetito para una intervención militar. Y hay límites a las sanciones económicas debido a que muchos norteamericanos se benefician de los intercambios comerciales con Rusia”. Otra visión posee William B. Allen, de la Michigan State University. Este cientista político afirmó a La Tercera que “esto no es Serbia en 1914”, aludiendo al origen de la Primera Guerra Mundial. “Ni EE.UU. ni Europa tienen la voluntad de reaccionar seriamente al movimiento ruso. El deseo ruso de anexar Crimea era completamente previsible. No hubo ningún intento de Occidente para advertir a Moscú hasta que Rusia actuó. Occidente no podrá interponer ningún obstáculo grave para los procedimientos de Rusia”, señaló Allen, quien agregó:“los lazos económicos tienen un papel en esta dinámica, pero la falla más grave es el declive militar de Occidente, que no tiene la capacidad de contener a Rusia y Putin lo sabe”.

La jugada final está prácticamente predeterminada; Moscú controlará una Crimea autónoma, y EE.UU./UE «controlarán», o tratarán de saquear, al estilo del capitalismo del desastre, un páramo occidental ucraniano «administrado» por un montón de títeres occidentales y oligarcas, con algunos neonazis.

Odalys Buscarón Ochoa en Prensa Latina afirmaba que la pugna con Occidente en la cuestión ucraniana tiene de trasfondo los serios cuestionamientos de Rusia a la ampliación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) alrededor de sus fronteras y la política de dobles raseros.
Las relaciones ruso-estadunidenses cerraron 2013, un año de crecida tirantez por viejos y nuevos problemas que hacen cada vez más visibles la brecha entre Washington y Moscú en las perspectivas de la política mundial y la creciente tendencia hacia un orden multipolar. El desenlace de los acontecimientos ucranianos tras el golpe de Estado y la destitución ilegal del presidente Víktor Yanukovich, con el guiño cómplice de Occidente, colocó a Ucrania en el epicentro de dos polos contrapuestos.

Rusia ha sido firme en su postura de no reconocer la legitimidad del proceso violento gestado allí durante los últimos meses, y en consecuencia, la toma del poder armado por sectores de derecha y fascistas. Para muchos expertos, la confrontación verbal por la cuestión ucraniana, en relación con las amenazas y sanciones contra Moscú, significa apenas la punta del iceberg dentro del océano de contradicciones por las visiones contrarias y los intereses geopolíticos.

Según el criterio del politólogo Valeri Mijailin, a la sombra de la retórica oficial de Occidente se esconden muchas otras cosas relacionadas con los intereses y la política de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y la OTAN, contrapuestos a Rusia.

El investigador alemán y especialista sobre Rusia, Alexander Rar, coincidió con otros expertos en que esa puja en torno a Ucrania hace pensar en una nueva época de guerra fría y no descartó una membrecía del país centroeuropeo  en la alianza militar occidental. La directora general del Instituto de Investigaciones e Iniciativas de Política Exterior, Veronika Krasheninnikova, observó al respecto que la guerra fría nunca terminó, y en estos últimos tiempos Estados Unidos y sus aliados de la OTAN han llevado a cabo una variante enmascarada y silenciosa.

Rememoró la politóloga en una entrevista exclusiva a Prensa Latina que, tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Rusia y otros estados del espacio postsoviético sucumbieron en una situación de debilidad, y por largo tiempo no pudieron contrarrestar la ofensiva de Estados Unidos. Una década después, con un potencial político y económico en ascenso, la nación euroasiática estuvo en condiciones de defender sus intereses y los de otros amigos en el mundo, subrayó.

Consideró Krasheninnikova que tras los reveses en Siria e Irán, y la firme posición rusa, en Ucrania, Washington y Occidente decidieron ir a la ofensiva. No podían perder, ante un escenario orquestado por las fuerzas fascistas y pro occidentales en ese país. Y se trataba básicamente de reconfigurar el panorama político interno y el balance de fuerzas, por cuanto significaba sacar del tablero al presidente Yanukovich y a su partido, las Regiones. De fondo, concuerda la experta, la base de las contradicciones con Moscú radica en las ambiciones de la OTAN de continuar su avance y ampliación hacia las fronteras rusas a cuenta de incluir a Ucrania, y “ello es un factor muy peligroso, al cual no debió llegarse”, advirtió.

En los últimos 20 años, el bloque militar creció de 16 miembros a 28 estados aliados, y 0no deja de estimular la entrada de otras repúblicas antes soviéticas como Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Desde el punto de vista del mapa político de Europa, es imposible imaginar a Ucrania en la OTAN y también desde el punto de vista de los intereses de Rusia, exteriorizó Krasheninnikova.

Todos saben que el Golpe de Estado ocurrido en Ucrania fue armado por Occidente. Como resultado, llegó al poder un gobierno autoproclamado, constituido por un lado por agentes de Occidente, y por otro, por ultranacionalistas y fascistas. Lo corrobora una conversación filtrada entre la secretaria de Estado adjunta, Victoria Núland, y el embajador de ese país en Kiev, Geoffrey Pyatt, el mismo personaje de los diálogos con K. Eshton.

En dichas pláticas ellos apostaron, sobre sus preferencias en cuanto al gobierno ucraniano, y dijeron abiertamente que Yatseniuk tenía que ser el primer ministro.

Otro líder de la oposición ucraniana, de la llamada ala moderada, es el boxeador Vitali Klichkó. Su partido Udar (Golpe), fue financiado y creado por iniciativa del partido alemán de los demócrata-cristianos. La Fundación Konrad Adenauer, asociada con la Unión Demócrata Cristiana, desarrolló en 2010 el concepto de esa formación. De manera que Udar fue creado con recursos alemanes. Además Klichkó es ciudadano alemán, y se supone, no tiene ningún fundamento para aspirar al puesto de presidente de Ucrania. También el gobierno autoproclamado en Kiev lo integran fascistas. El nombrado jefe del Consejo Nacional de Seguridad Nacional, Andrei Parubi, fundó en 1991 junto a Oleg Tiagnibok el partido neonazi Libertad (Svoboda), que en 2012 obtuvo 37 escaños de diputados en el Parlamento unicameral.

Otra figura de esa organización que emergió tras el golpe de Estado es Dmitri Yarosh, cabecilla de Sector Derecho, acusado por Rusia de instigar el terrorismo, y sujeto a una orden de captura internacional. Krasheninnikova recordó que fue precisamente esa agrupación la que integró comandos armados y llevó a cabo acciones de represión durante las protestas en la plaza de la Independencia (Maidán), matando a policías y civiles ucranianos.

Ese golpe de Estado y la destitución del presidente legítimo, Víktor Yanukovich, se produjeron con el apoyo de los gobiernos occidentales, recalcó la politóloga rusa. Dijo que tal afirmación lo corroboran muchos de quienes estuvieron en Maidán, epicentro de las protestas, donde se realizaron coordinaciones estrechas entre representantes de agencias de inteligencia occidentales y los activistas del Sector Derecho. Para Krasheninnikova, todas esas actuaciones, el posterior golpe y sus consecuencias son ilegítimas, y quienes no ven a Stephan Bandera (nacionalista ucraniano que colaboró con los nazis) como su héroe, no están obligados a obedecer a esas autoridades.

Por su parte, Pierre Charasse en La Jornada sostuvo que “La crisis en Ucrania pone en evidencia la creciente distancia que separa el bloque occidental de Rusia. Desde que colapsó la URSS, en 1991, el mundo occidental bajo el liderazgo de Estados Unidos se fijó como prioridad estratégica no permitir nunca que Rusia se levante nuevamente como una superpotencia mundial. Estados Unidos desarrolló una estrategia de contención para obligar a sus aliados de la UE y de la OTAN a establecer toda una red de acuerdos políticos, comerciales y militares para impedir a Rusia jugar nuevamente un papel de contrapotencia mundial de Estados Unidos.

En los años 90 los aliados de la URSS entraron en la OTAN y Washington presionó a la UE para admitirlos como nuevos socios, desvirtuando así el espíritu originario de la construcción europea. Está claro que para el gobierno estadunidense los espacios cubiertos par la UE y la OTAN deben coincidir. Desde los 90, la prioridad para los occidentales era obligar a Rusia, derrotada ideológicamente y debilitada económicamente pero todavía superpotencia nuclear, a una cierta conducta, en particular sobre el desarme convencional, a cambio de un acercamiento con las economías occidentales.

Se creó la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) en 1995, para tratar los temas del desarme convencional y de las fronteras a la periferia de Rusia. Desde entonces, el bloque occidental considera que las anteriores repúblicas soviéticas, desde el mar Báltico hasta China, son una extensión del espacio oeste-europeo, y por lo tanto entran en la zona de intervención de la OTAN, lo que molesta fuertemente a Moscú.

En 1994, para acabar definitivamente con la bipolaridad del mundo y no dar a Rusia el estatuto de potencia global, el G7, verdadero centro de poder ideológico, político y económico del mundo (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Japón y Canadá), decidió crear un foro específico de diálogo con Rusia, el G-8.

El G-8 está concebido para neutralizar a Rusia e imponerle ciertas reglas sobre seguridad mundial, nuevas amenazas, desarme, proliferación nuclear, terrorismo, etcétera. A pesar de este trato humillante y discriminatorio, Rusia siempre ha dado buenas muestras de colaboración. Sin embargo, los occidentales le tienen profunda desconfianza, en especial porque los nuevos socios de la OTAN-UE de las antes repúblicas soviéticas se sienten vulnerables frente a supuestas pretensiones expansionistas rusas.

Rusia, por razones geográficas, necesita Estados-tapones amigos o por lo menos neutrales al oeste de su frontera. En una actitud muy prepotente, Washington le niega a Rusia el derecho de garantizar su seguridad territorial en su periferia y se sorprende de que Moscú se sienta cercado por países miembros de la OTAN, organización militar que no ha dejado de fortalecerse después de la dislocación del Pacto de Varsovia. Estados Unidos considera que él es el único que tiene derecho de organizar el mundo postsoviético en función de sus intereses nacionales, desplegar bases o misiles según las necesidades del momento (Europa, Pacífico), actuar con o sin el permiso de la ONU (Afganistán, Yugoslavia, Irak, Libia, Siria…) Es la ley del más fuerte. ¿Con qué legitimidad o autoridad moral Obama puede proclamar que Rusia está del lado incorrecto de la historia?

Rusia es un país euroasiático con tradiciones políticas orientales ajenas al los patrones occidentales, nos guste o no. El pueblo ruso tiene raíces milenarias y una relación muy especial con el poder, la autoridad y la religión ortodoxa, siendo al mismo tiempo rebelde y amante de la libertad. En 20 años, las prácticas democráticas occidentales no han permeado todas la capas de la sociedad rusa, que desde el siglo XIII siente en su mayoría la necesidad de tener un poder autocrático fuerte detrás de los muros del Kremlin, nacionalista y paternalista. El amor a la patria (ródina), a la tierra (ziemlia), es un cimiento que los occidentales no ven y no entienden. Las discusiones entre slavófilos y occidentalistas que se dieron lugar en Rusia en los siglos XIX y que hoy dividen a Ucrania y al mundo eslavo están todavía muy presentes. El pueblo ruso está convencido de su genio y de su vocación de servir de puente entre Europa y Asia, cuestiona profundamente la autoproclamada misión civilizadora de Occidente y rechaza el capitalismo mercantil representado por oligarcas corruptos apoyados por Occidente. Los pueblos de la Unión Soviética recuerdan todavía con emoción y orgullo la Gran Guerra Patriótica (Velikaya Otechestvienaya Voyna), que les costó 20 millones de muertos sacrificados para salvar la madre patria. Están muy resentidos por la falta de reconocimiento de los europeos por este sacrificio que permitió, tanto como el desembarco estadunidense, liberar a Europa del yugo nazi.

Desde la desaparición de la URSS, Rusia se siente herida y humillada por Occidente. Quiere recuperar su estatuto de gran potencia y que sean reconocidos sus derechos legítimos de seguridad en sus fronteras terrestres y marítimas. Nunca va a aceptar mutilarse perdiendo su base naval en Sebastopol. Es un puerto estratégico que le da salida al mar Negro y al Mediterráneo. Tampoco va aceptar el despliegue de los misiles del escudo de la OTAN que apuntan directamente a su territorio.

Putin utilizó en los últimos días los mismos argumentos que Estados Unidos y sus aliados para justificar sus acciones en Crimea: proteger la seguridad de sus ciudadanos. E invoca el precedente creado por Occidente en Yugoslavia y Kosovo para pedir un referendo en Crimea o en otras partes de Ucrania.

Vladimir Putin es un gran estratega, formado en la escuela diplomática soviética, como su brillante canciller Serguéi Lavrov. Él sabe muy bien hasta dónde ir, hasta dónde su política es la expresión de un consenso nacional y patriótico y que en los territorios de la ex Unión Soviética hay todavía mucha nostalgia por la grandeza perdida. Sabe que los países europeos nunca se van a lanzar en operaciones militares contra Rusia y que no están dispuestos a sacrificarse para ayudar a Ucrania.

Los países occidentales deberían recordar la crisis de Georgia en 2008. Rusia desplegó un potente aparato militar para parar lo que consideraba como una agresión intolerable a su integridad territorial y poner un hasta aquí a una aventura irresponsable fomentada por Occidente.

En Europa occidental hay divergencias frente a la crisis ucraniana. Varios países dependen del petróleo y el gas rusos. Alemania tiene muchos compromisos con Rusia. Los halcones estadunidenses no entienden la prudencia de muchos gobiernos europeos frente a Rusia, se enojan y los insultan. La UE, desgarrada entre sus intereses estratégicos con su gran vecino europeo y su temor de disgustar a su mentor transatlántico, muestra su extrema debilidad. Su política exterior es inconsistente. Putin, no sin razón, advierte a Occidente que las sanciones económicas perjudicarán a los que las promueven y que Rusia puede vivir sin el G-8. En el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia tiene derecho de veto. China adoptó una actitud sumamente cautelosa. Sabe que oscuras fuerzas occidentales echan leña al fuego en Xin Qiang y en Tíbet, como lo hicieron en Ucrania, para provocar un desmantelamiento de su territorio o por lo menos crear caos para frenar su inexorable desarrollo como potencia. Por esto China llamó al cese de las injerencias extranjeras en Ucrania. Es un mensaje a Estados Unidos. El enemigo del bloque occidental ahora no es el comunismo, sino todos los pueblos no occidentales (el grupo BRICS, Alba, Unasur, Venezuela…) que potencialmente cuestionan el orden unipolar del mundo.

Obstaculizar el desarrollo de Rusia y China son las dos prioridades estratégicas de Washington para mantener su liderazgo mundial. Es una conducta muy irresponsable. La guerra fría no se ha acabado y tampoco la doble moral imperial tiene visos de ser superada. El doble rasero de Estados Unidos y sus socios europeos persistirá en tanto exista el imperio del terror.

Correo electrónico: tribunalpazecuador@yahoo.com

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1832 

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